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Dieta sana, un aliado esencial para la salud de las encías

Una mala alimentación puede causar, entre otros trastornos, un considerable aumento de la inflamación en el organismo, un evento que está en el origen de muchas enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y también la periodontitis.

- 03 DIC 2020 | POR PACO ROMERO

Archivo Cuida tus encías.

Y es que la inflamación es una de las principales amenazas de la salud bucodental; por eso, ante todo, evitar aquellos alimentos que sean proinflamatorios, como los azúcares refinados. Las personas que toman muchos azúcares añadidos en su dieta (incluyendo bebidas azucaradas) tienen una mayor predisposición a desarrollar caries, mientras que aquellas que siguen una dieta baja en carbohidratos tienen menos riesgo de sufrir esta enfermedad.

La inflamación es una de las principales amenazas de la salud bucodental

Dado el carácter multifactorial de las enfermedades periodontales, resulta más complejo discernir el impacto específico que tiene la alimentación en su aparición. Una dieta rica en azúcares refinados o grasas saturadas provocará una elevación en la circulación general, de una gran cantidad de productos de la inflamación y de radicales de oxígeno. Todo esto provoca en su conjunto una situación de estrés oxidativo, impactando de manera negativa en la respuesta inflamatoria a nivel general, pero también en la respuesta local en los tejidos periodontales. Algunos estudios cuantifican en un 80% el riesgo de destrucción periodontal achacable a la respuesta inflamatoria del organismo frente al biofilm disbiótico.

Las personas que toman muchos azúcares añadidos en su dieta tienen una mayor predisposición a desarrollar caries

Estudios clásicos han comprobado como la combinación de un déficit de higiene bucodental y una dieta rica en hidratos de carbono refinados se asocia con la aparición de gingivitis, siendo mucho mayor la carga inflamatoria cuanto más se aumenta la ingesta de hidratos de carbono. También se ha demostrado como personas que dejan durante 4 semanas de cepillarse los dientes y se someten a una dieta típica de los hombres primitivos (“paleodieta”, sin azúcares refinados ni lácteos y poca carne, pero con gran variedad de verduras, frutas y fibra) experimentan un incremento de los niveles de placa bacteriana pero, curiosamente, los índices de sangrado se redujeron del 31% inicial a un 13%. Esto confirmaría la importancia de la relación entre el consumo de hidratos de carbono y la inflamación de la encía.

La combinación de un déficit de higiene bucodental y una dieta rica en hidratos de carbono refinados se asocia con la aparición de gingivitis

En los últimos 5 años, se han realizado más estudios controlados que confirman que si se incrementa la ingesta de azúcares refinados aumenta el sangrado gingival. La gingivitis es el paso previo a la periodontitis, por lo que, si se quiere reducir la prevalencia de periodontitis es fundamental disminuir la gingivitis.

Respecto a grasas saturadas o trans, estudios en animales sugieren su estrecha relación con inflamación periodontal e, incluso, recientes estudios longitudinales llevados a cabo en Japón relacionan una dieta rica en grasas saturadas con una mayor progresión a sufrir periodontitis a largo plazo.

Dieta sana y mejoría de la salud periodontal

Si se cumple la premisa de que una dieta proinflamatoria puede influir negativamente en la salud de las encías, también se puede plantear la hipótesis contraria: si mejoramos la dieta, reduciendo la ingesta de hidratos de carbono refinados y de grasas saturadas, podría optimizarse la respuesta de nuestro sistema inmune frente al biofilm bacteriano y mejorar la salud gingival.

En estos últimos años, se están llevando a cabo numerosos estudios con pacientes que mantienen una dieta rica en hidratos de carbono, con obesidad, con síndrome metabólico y con inflamación gingival. A estos pacientes, se les modifica la dieta, restringiéndoles la ingesta de azúcares y de grasas saturadas, y se ha observado que, incluso sin cambios en la técnica de cepillado del paciente (con unos índices de placa similares al inicio del estudio), se produce una reducción en el índice de sangrado y en la profundidad de sondaje, así como disminución también de las citoquinas proinflamatorias del surco gingival.

Si mejoramos la dieta, podría optimizarse la respuesta de nuestro sistema inmune frente al biofilm bacteriano y mejorar la salud gingival

Un importante estudio controlado y aleatorizado realizado en la Universidad de Friburgo en Alemania, por Woelber y colaboradores en 2019, seleccionó a 30 pacientes que presentaban gingivitis previa y una dieta basada principalmente en hidratos de carbono (más del 45% del total de la dieta). No modificaron a ningún paciente su técnica de cepillado dental, pero sí les instaron a suspender el cepillado interdental (seda o cepillos interdentales). Dividieron al total de pacientes en dos grupos homogéneos de 15 pacientes cada uno: uno de ellos continuó con su dieta rica en hidratos de carbono mientras que el otro (grupo experimental) fue sometido a una dieta especial diseñada por los investigadores. La denominada “dieta optimizada” consistía, por un lado, en la reducción de los hidratos de carbono a menos de 130 gramos al día, restricción también de las grasas trans y se añadieron a la dieta diaria otras sustancias: ácidos grasos omega 3 (pescado azul), una fuente de vitamina C (dos kiwis, una naranja, un pimiento, etc.), una fuente de vitamina D (15 minutos de sol sin protección o un suplemento de 500 unidades o 300 g de aguacate, etc.), la ingesta de algún antioxidante (un puñado de arándanos o una taza de té verde, etc.) y fibra.

Al final del estudio todos los pacientes tenían índices de placa similares a los del inicio del experimento, ya que todos habían seguido cepillando igual que antes de comenzar el estudio, salvo por la eliminación del cepillado interdental. Sin embargo, el grupo de la “dieta optimizada” presentaba un índice de sangrado mucho menor que al comenzar el estudio, y que se diferenciaba del grupo que había continuado con la dieta rica en hidratos de carbono, y las diferencias eran estadísticamente significativas. Esta reducción en la inflamación gingival no estaba asociada a cambios microbiológicos (tanto la cantidad como la calidad de las bacterias era similar a la situación al principio del estudio); además, el grupo experimental mejoró sus niveles sanguíneos de vitamina D y redujo su peso de manera estadísticamente significativa en relación con el grupo control.

Lo que no han podido explicar todavía es si estas reducciones en la inflamación gingival se deben solo a la reducción de alimentos proinflamatorios en su dieta (azúcares refinados y grasas saturadas y trans) o al enriquecimiento de la dieta con alimentos ‘antiinflamatorios’ (como los ricos en antioxidantes y ácidos grasos omega 3). Otra posibilidad es que esta mejora se deba a la suma de ambas actitudes, es decir, a la reducción de alimentos proinflamatorios y la incorporación de más alimentos considerados como antiinflamatorios.