LA OPINIÓN DEL EXPERTO

“Hay que tomar decisiones inteligentes para celebrar la Navidad sin consecuencias para nuestra salud bucodental y general”

La proximidad de las fiestas navideñas aumenta el riesgo de cometer excesos en la alimentación, una relajación de los hábitos saludables que alcanza también a la salud de la boca. El Dr. Agustín Casas (Master en Periodoncia y especialista en Osteointegración por la UCM) aporta algunos consejos prácticos para reducir estos riesgos y, además, recuerda la fuerte vinculación que existe entre lo que comemos y nuestra salud bucodental.

- 03 SEP 2020 | POR PACO ROMERO

Archivo Cuida tus encías.

¿Hasta qué punto es estrecha la vinculación entre alimentación y salud bucodental?

Están íntimamente relacionadas; de hecho, hay una expresión muy popular y bastante acertada que dice que “somos lo que comemos”, y cada vez hay más investigaciones que corroboran esta expresión.

Obviamente, una dieta inadecuada, bien por un defecto en la ingesta de nutrientes esenciales para la vida como las vitaminas o minerales o bien por tomar en exceso determinados alimentos, nos puede provocar diferentes patologías generales y orales. Pero, además, no se nos puede olvidar que todos los alimentos tienen que pasar por la boca, y al ser la primera en recibir los alimentos será también la primera en poder padecer sus consecuencias.

La alimentación y la salud bucodental están íntimamente relacionadas

Exactamente, ¿cómo pueden interferir los alimentos en la salud bucodental?

Los alimentos pueden afectar a nuestra salud bucodental a diferentes niveles.  

Tenemos muy claro cuáles son los efectos que provocan los restos de alimentos si no se tiene una buena higiene oral: 

– al acumularse en los dientes, se favorece la aparición de caries

– su acumulación en la encía provoca gingivitis

– y en el dorso de la lengua favorece la halitosis 

La composición nutricional de los alimentos que tomamos influye en nuestra salud bucodental. Una dieta en la que abunden los alimentos ricos en azúcares provocará un mayor riesgo de padecer caries.  Pero no solo eso, cada vez hay más evidencia científica disponible sobre cómo una dieta rica en azúcares y grasas saturadas es un posible factor de riesgo para padecer periodontitis y de otras enfermedades crónicas no transmisibles

La consistencia de los alimentos es otro factor a tener en cuenta. Hay que tener cuidado con los alimentos muy duros, que pueden ocasionar pequeños traumatismos en dientes y mucosas, o con los alimentos pegajosos o que se disuelven con lentitud porque favorecen que se queden restos en dientes y encías y sea más difícil limpiarlos

Una dieta inadecuada, bien por defecto o por tomar en exceso determinados alimentos, nos puede provocar diferentes patologías generales y orales

Los alimentos ácidos pueden ocasionarnos erosiones en los dientes, que es un tipo de daño en el esmalte que provoca, entre otras cosas, un aumento de la sensibilidad dental. Los refrescos son un ejemplo claro de alimentos muy ácidos y azucarados que se han de evitar tomar con asiduidad; y cuando se tomen, hay que intentar reducir el tiempo que están en contacto con nuestros dientes. Por eso se aconseja tomarlos siempre con pajita y esperar a lavarse los dientes entre 20-30 minutos para que la saliva pueda contrarrestar sus efectos, y no ayudemos a esparcirlo por toda la boca por la acción del cepillado. La saliva regula el pH de la boca controlando el nivel de ácidos; por eso es tan importante beber mucha agua y evitar, entre otras cosas, la sequedad bucal.

Por lo tanto, es claro que las implicaciones son variadas pero, por fortuna, cada vez somos más conscientes que sin un perfil alimenticio saludable es muy difícil gozar de una buena salud bucodental. Y la gran ventaja con la que contamos es que podemos modificar nuestra alimentación para poder evitar riesgos.

Entonces, ¿comer mal también aumenta el riesgo de padecer enfermedades de las encías? ¿Por qué?  

Cada vez hay más evidencia científica que nos demuestra que una alimentación inadecuada es un factor de riesgo de periodontitis. Y el nexo de unión entre ambas es la inflamación. Para poder entenderlo, hay que conocer primero cómo la inflamación participa en el desarrollo de las periodontitis, y en segundo lugar cómo una dieta inadecuada influye en nuestra respuesta inflamatoria. 

Los alimentos pueden afectar a nuestra salud bucodental a diferentes niveles

La periodontitis se define como una enfermedad inflamatoria crónica multifactorial asociada a un biofilm en desequilibrio. Puede resultar llamativo que la inflamación, que forma parte de nuestro sistema innato de protección frente a las agresiones externas, también sea parte responsable del desarrollo de la enfermedad. La explicación es sencilla: los problemas surgen cuando la inflamación aguda es incapaz de mitigar el estímulo nocivo y no es controlada por sus propios mecanismos de regulación. En los pacientes con periodontitis, la respuesta inflamatoria es:

– crónica, al mantenerse en el tiempo sin ser regulada;

– exagerada, porque van a prevalecer todos los procesos inflamatorios frente a los procesos antiinflamatorios que los deberían contrarrestar;

– y poco efectiva, porque no acaba con el estímulo nocivo y perjudicial, dado que ese exceso de procesos inflamatorios incontrolados provoca la destrucción de los tejidos periodontales. 

Una dieta en la que abunden los alimentos ricos en azúcares provocará un mayor riesgo de padecer caries

Por su parte, una alimentación no saludable es capaz de inducir un estado proinflamatorio del organismo. Más concretamente, su influencia sobre el estrés oxidativo es lo que la relaciona de una manera más evidente con la periodontitis. En todos los procesos metabólicos del organismo se producen radicales libres, que son unas sustancias muy reactivas, con gran capacidad oxidante y que nuestro organismo utiliza a veces como mecanismo de defensa frente agresiones externas. Estos radicales libres no son selectivos y, por tanto, pueden provocar daños incontrolados; para evitarlo el organismo los suele eliminar una vez efectuada su función mediante los sistemas antioxidantes. Cuando falla el sistema de control a favor de los radicales libres, bien por un aumento exagerado de éstos o bien por deficiencias en nuestro sistema de antioxidantes, aparece el estrés oxidativo. Las consecuencias de este estrés oxidativo sobre el sistema inmune se traducen en la activación en cascada de todos los procesos inflamatorios que comienzan con la activación de las células inflamatorias, aumentando la producción y liberación de citoquinas proinflamatorias y más especies reactivas de oxígeno en una especie de círculo vicioso que provoca ese estado inflamatorio crónico general. 

Pues bien, diferentes estudios han demostrado como un exceso en la ingesta de hidratos de carbono, grasas saturadas y/o grasas trans tiene la capacidad de inducirnos ese estado inflamatorio general y crónico. Así, por ejemplo, tras la ingesta de las grasas saturadas y trans, son absorbidas muy rápidamente en sangre, con la consiguiente reacción del organismo liberando radicales libres y citoquinas proinflamatorias.

Una dieta rica en azúcares y grasas saturadas es un posible factor de riesgo para padecer periodontitis

El resultado final es que una dieta inadecuada provocará un aumento en nuestro organismo de sustancias inflamatorias y de radicales libres, alterando la respuesta inflamatoria a nivel general y local. Teniendo el sistema inflamatorio hiperactivado, ante una agresión como el biofilm bacteriano en desequilibrio de los pacientes con periodontitis, la respuesta inflamatoria se vuelve crónica, exagerada, ineficaz y perjudicial y termina provocando la destrucción de los tejidos periodontales. 

Y, al revés, ¿la presencia de estas enfermedades periodontales puede alterar de alguna forma lo que se come o cómo se come?

Hay que tener cuidado con los alimentos muy duros y con los alimentos pegajosos o que se disuelven con lentitud

Pues lo hace y mucho, pero no solo las periodontitis…también las caries cuando no están adecuadamente tratadas; si se dejan evolucionar, ambas enfermedades provocan la pérdida de dientes y eso afecta directamente a nuestra capacidad de masticación.

Creo que a veces los pacientes no se dan cuentan de las repercusiones tan graves que tiene perder los dientes, que van más allá de lo puramente estético. Probablemente esto se debe a que esas otras consecuencias se van manifestando poco a poco a lo largo del tiempo, no son tan inmediatas como las repercusiones estéticas, y creo que se van acostumbrando a ellas casi sin darse cuenta. 

Una de las consecuencias más importantes a nivel funcional es que reduce la capacidad masticatoria, y eso nos obliga a modificar lo que comemos y cómo lo hacemos. La digestión siempre comienza en la boca. Masticar bien hace que los alimentos sean triturados adecuadamente y que se mezclen bien con la saliva. Este proceso facilita la absorción de los nutrientes que contienen los alimentos, ya que la saliva contiene muchas enzimas que ayudan en el proceso de digestión posterior (al facilitar la descomposición química de los mismos). 

Los alimentos ácidos pueden ocasionarnos erosiones en los dientes y un aumento de la sensibilidad dental

No tener algún diente tiene importantes implicaciones:

– No masticar bien los alimentos

– Repercusiones negativas en la digestión, haciéndola más pesada

– Provoca problemas digestivos

– No se aprovechan todos los nutrientes que aportan los alimentos, porque no se absorberán adecuadamente 

Como, además, sé tendrá que hacer más esfuerzo al faltar dientes, nos cansaremos más y nos haremos daño en encías y mucosas. Poco a poco se irán abandonando los alimentos más duros y que necesiten ser más masticados y se tomarán alimentos más blandos y que no requieran de tanto esfuerzo: serán alimentos más pegajosos, más difíciles de limpiar y que favorecerán el desarrollo de patologías periodontales o caries.

Así que, casi sin darnos cuenta, se entra en otro círculo vicioso, donde una mala masticación nos puede llevar a un estado nutricional deficiente con las repercusiones graves que eso puede acarrear a nuestra salud general y bucodental.

Sin embargo, tanto enfermedad periodontal como caries son enfermedades fácilmente prevenibles, ¿no es así?

A veces pasa desapercibido, pero debemos ser conscientes que tanto la caries como las periodontitis son patologías prevenibles. Si somos constantes siguiendo unas recomendaciones no demasiado complicadas, se puede disfrutar de una vida saludable sin caries ni periodontitis.

En el caso concreto de la caries, que es otro de los trastornos bucodentales directamente asociados con la alimentación, ¿qué consejos básicos daría para evitar esta enfermedad?

Sin un perfil alimenticio saludable es muy difícil gozar de una buena salud bucodental

El hecho de que surja o no una caries depende de la interacción de tres factores principales: la estructura del diente, el biofilm bacteriano que se forma en su superficie y la ingesta de azúcares y almidón en la dieta. Los consejos van dirigidos a controlar estos tres factores.

El primero de ellos es el control de la dieta. Tener una dieta inadecuada cuando los dientes se están formando puede provocar una carencia de micronutrientes como la vitamina D, calcio, fosfatos y vitamina K, ocasionando un impacto negativo en la mineralización del diente. Se verá afectada la calidad de los tejidos que conforman el diente y aumentará el riesgo de padecer caries. 

En nuestra vida cotidiana, hay que controlar la cantidad, la frecuencia y la consistencia de los hidratos de carbono fermentables como azúcares y almidón que se consumen. Debe ser la mínima cantidad, evitando tomar todo el azúcar innecesario. La mínima frecuencia y, si se hace, debe hacerse durante las comidas, evitando tomar azúcar entre ellas. También se deben evitar las consistencias blandas y pegajosas. En pacientes periodontales con raíces expuestas, debe valorarse la reducción en la ingesta de almidón por asociarse con el desarrollo de caries radiculares. 

La inflamación es el nexo que une la mala alimentación con las enfermedades periodontales

En la visita al supermercado, recomendaría elegir siempre que se pueda alimentos frescos y, si no es así, leer bien las etiquetas de los alimentos que seleccionamos para poder controlar la cantidad de hidratos de carbono que contienen y no llevarnos desagradables sorpresas. 

El segundo consejo es que no hay nada mejor que adquirir un hábito de higiene oral eficiente y riguroso para evitar las caries. Nos permite, por un lado, eliminar de la superficie dental los restos de alimentos que se quedan durante las comidas y, por otro lado, desestructuramos frecuentemente el biofilm dental, evitando el crecimiento de bacterias que utilicen esos azúcares en su crecimiento y produzcan el ácido que desarrolla las caries. 

Nunca viene mal recordar los clásicos consejos sobre la higiene oral:

– Cepillarse después de cada comida, ya sea utilizando cepillo manual o eléctrico (con el que seamos más eficaces)

– Un cepillado correcto dura de media unos 3 minutos

– Nunca debe faltar el cepillado antes de dormir, porque durante el sueño nuestra saliva es menor y los mecanismos de autolimpieza y protección disminuyen

– En el caso de haber ingerido alimentos muy ácidos, se recomienda esperar unos 20 minutos antes del cepillado para favorecer la acción protectora de la saliva y evitar su dispersión por la cavidad oral

– No olvidarnos de utilizar algún elemento de limpieza interproximal, ya sea la seda dental o, en los pacientes periodontales, la utilización de cepillos interproximales

– Hay que cepillarse el dorso de la lengua

– La utilización de pastas de dientes y enjuagues con flúor está altamente recomendada, porque nos ayuda a prevenir las caries al enlentecer la descomposición del esmalte dental e incrementar su proceso de remineralización; en definitiva, fortalece el esmalte y lo hace más resistente a la acción de los ácidos 

Una alimentación no saludable es capaz de inducir un estado proinflamatorio del organismo

Habitualmente se asocia caries  con la infancia y adolescencia, pero es un trastorno  que suele estar presente en todas las etapas de la vida, ¿no? 

La caries es muy frecuente en todas las edades, con picos de prevalencia a los 6, 26 y 70 años. En los últimos estudios de carga global de enfermedades bucodentales, las caries sin tratar en dentición definitiva era la condición más prevalente; si se combinaban todas las edades la prevalencia era casi de un 35%.

El riesgo de que padezcamos caries puede variar a lo largo de la vida porque también va cambiando nuestra dieta, sobre todo en relación a la exposición de los hidratos de carbono fermentables que son los se asocian con la enfermedad. 

Un exceso en la ingesta de hidratos de carbono y grasas saturadas induce un estado inflamatorio general y crónico; con las grasas trans ocurre algo similar

En niños y adolescentes, la incidencia de caries es mayor porque son ellos los que consumen más frecuentemente dulces y bebidas azucaradas. Pero también en los ancianos, porque suelen tener dietas de consistencias más blandas y ricas en azúcar y almidón, y no se debe de olvidar que la ingesta de almidón es un factor de riesgo de caries en las superficies radiculares. 

Y en cualquier grupo de edad puede aumentar el riesgo de caries en relación a cambios fisiológicos, como un descenso en la absorción de determinados nutrientes, la reducción de la función masticatoria y cambios asociados con uso de determinados medicamentos. 

Y como muestra de lo importante que llega a ser la dieta en relación con esta enfermedad, cabe recordar que a nivel mundial la mayor prevalencia de caries se da en los países con ingresos medio-altos y medios bajos, y no tanto en los más pobres ni en los más ricos. Y la explicación es que los países pobres siguen con sus hábitos alimenticios tradicionales, donde no abundan los azúcares refinados, y en los más ricos se está ya legislando para controlar la presencia de estos azúcares en los alimentos, con lo que la prevalencia de caries está bajando; en cambio, en la dieta de los países con ingresos medios abundan estos azúcares refinados y, por eso, tienen la prevalencia de caries mayor.

¿Existe una relación  directa entre la celebración de fiestas como la Navidad, que se caracterizan por una peor alimentación y otros hábitos nocivos, y el aumento de enfermedades bucodentales?

Puede parecer exagerado echar la culpa a la Navidad de un posible aumento de las enfermedades bucodentales, pero en esos días navideños solemos abandonar nuestros hábitos saludables y los sustituimos por costumbres menos convenientes y eso siempre es un riesgo.  Normalmente se produce un aumento del consumo de alcohol y tabaco, nos volvemos más sedentarios, nuestros hábitos de higiene oral se suelen relajar y, sobre todo, nuestra dieta se vuelve más hipercalórica.

A veces los pacientes no se dan cuentan de las repercusiones tan graves que tiene perder los dientes, que van más allá de lo puramente estético

Esa peor alimentación nos puede llevar a un aumento de los niveles de colesterol, de azúcar y ácido úrico, lo que puede aumentar la tensión arterial, favorecer la retención de líquidos y el incremento de grasa corporal. Las navidades pueden originar el desarrollo de diferentes enfermedades generales y bucales o complicar las ya existentes. 

Las fiestas navideñas tienen el común denominador de las reuniones familiares en torno a la comida y bebida. Y es innegable que los productos más típicos navideños suelen ser ricos en grasas y azúcares. No hay por qué renunciar a ellos, pero sí hay que tomar decisiones inteligentes en cuanto a su ingesta que limiten sus efectos perniciosos. Así, por ejemplo, se debe limitar su consumo, combinarlos siempre con alimentos más saludables que equilibren los menús, evitar los tentempiés…Hay muchas decisiones inteligentes que se pueden tomar y que nos permitirán celebrar una Feliz Navidad sin consecuencias para nuestra salud. 

¿Qué alimentos navideños resultan más cariogénicos y cuáles menos? 

Casi por definición, las navidades son dulces e hipercalóricas. Seguramente los alimentos más cariogénicos que vamos a consumir en estas fechas serán los postres y dulces típicos navideños; de todos ellos, los tres más cariogénicos probablemente sean las frutas escarchadas, el guirlache y el mazapán. 

La fruta escarchada tiene un contenido elevadísimo de azúcar, casi tres cuartas partes del producto; además, su textura es pegajosa, lo que facilita su adhesión a los dientes. 

No hay nada mejor que adquirir un hábito de higiene oral eficiente y riguroso para evitar las caries

El contenido de azúcar del guirlache es casi de 50 gramos por cada 100 gramos del producto. Este caramelo mezclado con almendra tiene una textura muy dura que también puede provocar pequeñas fracturas de los dientes. 

El mazapán tiene casi 50 gramos de azúcar por cada 100 de producto, además de una textura pegajosa, por lo que es más complicado limpiar sus restos con los métodos de higiene oral.

El dulce que podríamos considerar menos cariogénico es el roscón de reyes, que solo contiene unos 25 gramos por cada 100 de producto, pero sin contar las frutas confitadas que lleva como adorno. Los mantecados es otro de los dulces típicos navideños con menos cantidad de azúcar en su elaboración. 

La caries es muy frecuente en todas las edades, con picos de prevalencia a los 6, 26 y 70 años

Como creo que es irremediable no caer en la tentación, lo mejor es ingerirlos siempre en las comidas, porque liberamos más saliva, intentando no repetir para no tomar en exceso, y nunca ingerirlos entre horas como tentempiés. Y después de comerlos, no olvidar cepillarse bien los dientes.

¿Nos podría aportar algunos consejos prácticos finales para disfrutar de las  navidades asegurando el cuidado de la salud bucodental?

Pues después del año que hemos vivido y las limitaciones que van a existir estas Navidades, yo diría que en los días de celebración disfrutemos tranquilamente de los platos típicos navideños intentando no cometer abusos. 

En cambio, en los días que no haya eventos familiares o con amigos, intentar llevar una dieta sana y equilibrada. Esos días aprovechar para cocinar de manera más saludable (al vapor, a la plancha o al horno); sobre todo, evitar los excesos de grasas saturadas y tomar frutas y verduras frescas. Así se puede equilibrar los posibles excesos que al final cometeremos en los festejos navideños.

En fechas navideñas solemos abandonar nuestros hábitos saludables y los sustituimos por costumbres menos convenientes

El gran enemigo son los dulces navideños, como turrones o mazapanes; por supuesto que se puede disfrutar de ellos, pero sin abusar. Quizás el mayor problema sean esas bandejas llenas de dulces navideños que adornan las casas y que nos hacen picar a cada rato. Hay que evitar tomar estos dulces entre horas para no ingerir un exceso de azúcar.

Y, por último, los consejos que nos deben acompañar no solo en Navidad sino todo el año: evitar el consumo de tabaco y alcohol, beber mucha agua, practicar algún ejercicio físico 30 minutos al día y no descuidar la higiene oral; hay que seguir una higiene oral regular y eficiente que prevenga la aparición de las patologías bucodentales. 

Son consejos sencillos que nos harán disfrutar de una muy saludable Navidad.